jueves, 31 de marzo de 2016

Videos de la Procesión General

Primera versión, con comentarios de Ángel Cuaresma, Luis Amo y Guillermo Garabito.
Nuestra Cofradía aparece en tiempo 2:41:09.



Segunda versión (RTVCYL), con comentarios de Andrés Álvarez Vicente, Julián Díaz y Fede Gallego.



En esta segunda parte aparece nuestra Cofradía en el tiempo 1:00:40.

Video Santo Entierro de Cristo (RTVCYL)

Con los comentarios de nuestro ex-presidente Andrés Álvarez Vicente.



domingo, 27 de marzo de 2016

En portada

La suspensión por la lluvia de nuestra procesión del Santo Entierro es portada hoy en El Norte de Castilla y en el Diario de Valladolid-El Mundo.






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Galería de fotos de El Norte

Video de El Norte

Santo Entierro de Cristo

Debido a la lluvia, la procesión del Santo Entierro de Cristo tuvo que realizarse por el interior del Monasterio. Aquí os dejamos algunas imágenes.










miércoles, 23 de marzo de 2016

El Yacente más genial de Gregorio Fernández

Cristo yaciendo después de su Pasión. Es un tema muy tratado en nuestro país desde los años más estudiados de la cultura medieval. Pero, sin duda, si hay un escultor que profundizó en la imagen de un Salvador desamparado y muerto ese fue, sin duda, Gregorio Fernández que, no solo mejoró la obra de Gaspar Becerra, sino que firmó un importante número de Yacentes, a cual mejor… y extendió entre sus alumnos el amor y el cariño por ese Jesús en brazos de la muerte que, en tal trance, nos confirma que su obra redentora se cumplió plenamente.

¿Dónde se comprueba la más alta inspiración del artista?... Es difícil señalarlo. Gregorio Fernández esculpió el Yacente que el Duque de Lerma le encargó para la iglesia de San Pablo. Una figura de grandes proporciones esbelta y noble según las críticas de arte. Pero también dio vida, en la muerte, al Yacente que se conserva en el Museo Nacional de Escultura y que le pidió la Casa Profesa de la Compañía de Jesús. Una talla admirable. El que se puede admirar en la iglesia de San Miguel y San Julián que añade la curiosidad de poder contemplar el velo del paladar a través de la boca entreabierta.

Valladolid además cuenta con otros tres Yacentes considerados como autoría de Fernández: el del convento de Santa Catalina que es poco conocido; el del convento de Santa Isabel de Hungría, tampoco demasiado visitado y otro, de tamaño algo inferior al natural, fechado hacia 1627 y que fue encargado para el altar de una de las capillas laterales de la iglesia de San Pablo.

Yacentes que salieron de los talleres del Gregorio Fernández pero que se deben a sus alumnos y ayudantes son el de la Catedral de Segovia, el que se guarda en el convento de Santa Clara en Lerma, el de Medina de Pomar en la provincia de Burgos, el que se encuentra en el convento de los Capuchinos de El Pardo, el de las franciscanas descalzas en Monforte de Lemos (Lugo) o el de la Catedral de Astorga, en León.

El Cristo Yacente, al que rinde culto nuestra cofradía del Santo Entierro, obedece a un encargo del rey Felipe IV para, a su vez, regalárselo a las monjas del Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana, de Valladolid, en cuyo Museo se encuentra todavía expuesto a la vista de quienes se sienten atraídos por una imagen tan perfecta. Es, en mi personal gusto, el mejor de todos los que, de una manera o de otra, se le atribuyen al genial escultor. Y como mi conocimiento de la escultura no va más allá de las emociones que su contemplación me producen, prefiero en este caso dar la palabra a quienes lo han estudiado a fondo. Dicen de él que “la figura de Cristo es sobria y desprende un hondo patetismo” y yo puedo añadir que es la talla de un Dios que no deja de serlo ni en la muerte.

La talla que sale del Monasterio para cruzar las calles de la ciudad durante la Semana de Pasión, regresa a su lugar en el Museo movido por una procesión que cubre la petición de la Iglesia de permanecer en tal fecha junto al Sepulcro. El pasado año, Jorge Mongil os escribió que “sois depositarios de la tradición que movieron aquellos primeros cristianos” refiriéndose a quienes, con José de Arimatea a la cabeza, desclavaron a Jesús de la Cruz y le enterraron posteriormente. Pues bien, vuestro acto-procesión es sin duda la mejor forma de permanecer, en el sepulcro, junto a un Cristo nunca tan grande como lo fue una vez muerto.

Impresionado por ese acto procesional de vuestra cofradía, para el libro “Eli, Eli… Guía Lírica de la Semana Santa de Valladolid”, redacté este poema que me atrevo a repetiros para honra del Cristo que regresa a su casa de todo el año y para vosotros que, como nuevos “arimateas”, le trasladáis procesionalmente hasta ese Museo-Sepulcro-Santuario que cuidan y vigilan las monjas del Real Monasterio. Dice así el poema:

El cuerpo está aún caliente, 
los labios a medio abrir, 
a medio cerrar los ojos, 
todo el pecho de marfil 
y en la llaga del costado 
un manantial carmesí… 
Como recién descendido 
o acabado de esculpir; 
como un árbol cincelado 
con aromas de jazmín, 
el Santo Cristo Yacente 
acostado de perfil 
va de Santa Ana al Museo, 
blanco sueño de alhelí, 
a hombros de sus cofrades, 
bajo la luz de un candil… 
Al frente vuela un querube, 
le acompaña un serafín 
y sólo suena el redoble 
desigual del tamboril… 
Jesús marcha a su sepulcro 
en andas de un palanquín 
y le lloran los luceros 
y le llora el añafil, 
le llora toda la plaza, 
le llora Valladolid 
y, en el alar de un tejado, 
también llora un colibrí… 
Jesús marcha a su sepulcro, 
se queda en su camarín 
y allí estará doce meses 
hasta que vuelva a morir… 
Se han apagado los cirios, 
la noche se ha vuelto gris, 
las azucenas se han muerto, 
se ha secado la raíz 
del espino que dio espinas 
al azotar su cerviz 
y en la huerta del convento 
floreció el toronjil… 

Ángel M. de Pablos


martes, 22 de marzo de 2016

Carta del Presidente

Queridos cofrades, queridos amigos

Hace casi un año los hermanos comisarios de la Cofradía portaron, por primera vez, al Santo Cristo Yacente hasta la Santa Iglesia Catedral Metropolitana de Valladolid, hecho sin duda trascendente para la historia de nuestra Cofradía. Tras 50 años de andadura, la Procesión del Santo Entierro deja de ir al Barrio Girón, pasa a denominarse procesión del Verum Corpus para darle un sentido más sacramental, y así realizar estación de adoración eucarística en la Catedral. Histórica también, sin duda, fue la salida del templo mayor de Valladolid por la puerta de Santa María, recuperando una tradición que se había perdido con el paso de los años. La bella estampa que se pudo contemplar el año pasado en la plaza del Salvador, junto a la Iglesia de las Esclavas del Sagrado Corazón, ha quedado en la retina los vallisoletanos como una de las más bellas de la pasada Semana Santa.

La tarde del Sábado Santo ha quedado reservada para el sepelio de Nuestro Señor. Conservando una estructura ya asentada con los años, esta nueva denominación de “Santo Entierro de Cristo” no deja de ser una llamada a la meditación sobre la Pasión y Muerte de Nuestro Señor, a la espera de su Resurrección. Se trata de recordar cuál es la verdadera esencia de la nuestra querida Cofradía.

¿Y cuál es esa verdadera esencia? ¿Acaso celebramos la muerte de Jesús de Nazareth? Cristo afrontó su destino con valentía. Llegó a Jerusalén, sabiendo que le esperaba la muerte, convencido y convenciendo que esa era precisamente su proeza, su victoria. Por eso entra triunfalmente, porque ya ha vencido. Lo afrontó con sufrimiento en Getsemaní, ante el temor de la soledad, de sentirse olvidado por aquellos a los que amaba y por los que iba a morir. Lo afrontó con humildad y con amor en la cruz, tanto que, lejos de mostrarse como el Hijo de Dios, con todo su poder, perdonó a los que le habían maltratado, despreciado y convertido en un desecho y dejó que todo sucediera tal y como estaba previsto.

Nuestra esencia es recrear ese triunfo de Cristo. Veneramos su victoria frente a la muerte, convirtiendo las calles aledañas al Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana en las calles de aquella Jerusalén. Nuestros faroles le iluminan en la soledad de Getsemaní, acompañándole en el difícil camino hacia su entrega más absoluta. Cristo, portado a hombros, realiza su Entrada Triunfal a la clausura del convento, nueva tumba excavada que nadie había utilizado, y emulando a José de Arimatea, primer cofrade del Santo Entierro, depositamos allí a Jesús, y aguardamos con fe su victoria. Ese es el sentido de nuestro procesionar, de nuestro farol, de nuestra Cofradía. Sigamos acompañando a Jesús con nuestros “hábitos” diarios, aun cuando finalice la Semana Santa. Sigamos iluminando con nuestro farol, aunque ya lo hayamos entregado, especialmente a aquellas personas que sufren.

Nuestra vida cofrade va más allá de nuestras procesiones. Seamos ejemplo de misericordia cada día del año.

Jesús González Expósito, Presidente


lunes, 21 de marzo de 2016

Compendio de la Misericordia

Nuestra Cofradía acoge con la Iglesia el Año Jubilar de la Misericordia. El mensaje y la palabra, los gestos y signos manifestados por el Santo Padre Francisco, nos sirven de acicate para recordar cómo la tradición cofrade ha sabido aunar la compasión con los sentimientos de Cristo en su Pasión, Muerte y Resurrección, con la compasión hacia quienes hoy viven, sufren y padecen el dolor, la exclusión o cualquier forma de injusticia y agresión a su dignidad y derechos. Es conocido por todos cómo cada una de las antiguas Cofradías de nuestra ciudad asumía el ejercicio de una obra de misericordia: atención y educación de huérfanos, hospedaje para transeúntes, hospital, asilo… era la extensión caritativa de cada una de las Cofradías.

Con frecuencia este compromiso es reclamado por algunas voces para que en el siglo XXI las Cofradías cumplan una función no sólo cultual. Siempre hay espacio para el compromiso personal y de modo particular podemos preguntarnos qué y cómo, podemos hacer para manifestar un actuar misericordioso.

Cuando de pequeños aprendíamos el elenco de las obras de misericordia corporales y espirituales, aprendíamos a enunciarlas de carrerilla y quizá de modo individualizado. Es bueno recordar que las obras de misericordia siempre tienden un puente entre ellas y aunque visibilizan una sensibilidad o carisma especial hacia una forma de dolor o exclusión, lo importante es el talante de quien es misericordioso, luego vendrá el modo de manifestarlo. En dicho elenco de obras de misericordia corporales, todos sabemos que culmina con el dar eterno descanso. Es por suerte para nuestra particular advocación, lo que manifestaron los amigos y seguidores de Jesús: dar a Cristo sepultura. El tema tiene su profundidad… Quizá algunos conozcáis el Hospital de la Caridad en Sevilla. En su templo aparecen representadas alegorías de las siete obras de misericordia, con motivos extraídos de la Escritura. El retablo principal presenta la última de las Obras bajo la forma del Santo Entierro, que tan bellamente esculpió Pedro Roldán. Es un ejemplo que nos expresa la ligazón entre las obras de misericordia y cómo éstas culminan en el Misterio que expresa el Santo Entierro del Cristo Yacente. ¿Qué podemos aprender de su contemplación?

En primer lugar, dar cristiana sepultura es una confesión de esperanza. No es guardar un cuerpo para el recuerdo como hacía la cultura romana, sino sembrarlo para la inmortalidad, creyendo conforme a nuestra fe, que lo mismo que el Cuerpo de Cristo fue sepultado, también nuestro ser resucitará con Él glorioso en cuerpo y alma. En el Entierro de Cristo se cumplieron otras obras de Misericordia: Nicodemo y las mujeres velaron su cuerpo desnudo arrancado de la cruz y vestido con un epitaphion de misericordia. María, también con lágrimas, entregó el agua que limpió y sació las heridas de quien poco antes exclamó: Tengo Sed; José de Arimatea acogió en una morada nueva de su pertenencia (sin saber que por tres días) al peregrino de Vida Nueva; las mujeres visitaron en la mañana de Resurrección a quien parecía que la cárcel de muerte tenía apresado. Y por ejercer la misericordia ¿qué ocurrió?: que ni sepultura, ni la cárcel, ni la desnudez, ni la herida, ni el tránsito, ni el hambre ni la sed vencieron a quien resucitaba para ser Alimento y Bebida de vida nueva, vestido glorioso, morada eterna, puerto seguro y fuente de salud y salvación para quien en Él pone la esperanza.

Tendremos tiempo en esta Semana Santa de poder reflexionarlo y compartirlo. Feliz Cuaresma, Pasión y Pascua en la Misericordia del Señor Jesús.

Guillermo Camino Beazcua, Consiliario


Santo Entierro. Pedro Roldán. Hospital de la Caridad (Sevilla)

sábado, 19 de marzo de 2016

El Via Crucis en los medios



Diario de Valladolid-El Mundo


El Norte de Castilla


Crónica del Via Crucis

No somos una cofradía de masas, pero nadie nos podrá acusar de falta de religiosidad. Con sencillez y humildad, con el silencio y con los golpes de tambor, avanza el Santo Cristo flotando –ligero- en los brazos de los malditos. Este breve recorrido de Santa Ana a San Lorenzo es un golpe de fe, como un golpe de mar. Después de un año, el cofrade se pone el capuchón y sale a la calle. Y de repente, cuando baja los escalones de Santa Ana y ese vientecillo entra por los agujeros de los ojos, se da cuenta de que está solo. Solos él y el Señor. Y entonces la cosa cambia, la ciudad no es la misma, el público acumulado en las aceras se percibe lejano. Según va desgajando Guillermo, nuestro consiliario, las estaciones del Via Crucis, por la cabeza del cofrade se encauza la fe de las últimas horas de la Cuaresma. El Via Crucis se le antoja como una síntesis, un toque de atención, una revisión de vida…una revisión debida.

Este Ejercicio del Via Crucis es un acto sin más pretensión que la de acercarse a la parroquia, que es símbolo de la Iglesia misma, en comunidad y en comunión. Y acercarse a la Madre por el Hijo, y al Hijo por la Madre. No sé qué nos pasa a los del Santo Entierro que sentimos a la Patrona como nuestra, de nuestra casa. Será quizás porque vivió varios años en Santa Ana, o porque nos ha acogido en su templo en no pocas ocasiones.

Por eso, aunque echemos en falta a muchos cofrades, aunque no luzcamos todas nuestras banderas y guiones, aunque haga frío y amenace lluvia, aunque sea llenos de humildad y austeridad, con la luz de una vela o de un farol en la mano, y con el corazón puesto en la misericordia del Padre, un año más ha merecido la pena este preludio de la Pasión y de la Pascua.

JM





Fotos: Miguel Ángel Santos (Agencia gráfica Photogenic)

Y muchas gracias a nuestro Vicario General, don Luis Argüello, por acompañarnos. Y, como siempre, muchas gracias a la Parroquia de San Lorenzo, y en especial a su párroco, don Jesús Mateo.

jueves, 17 de marzo de 2016

Empieza la Semana Santa



Inicio del Via Crucis: Iglesia de Santa Ana, 20,30 h
Recorrido: Plaza de Santa Ana, San Lorenzo y Pedro Niño hasta la iglesia parroquial de San Lorenzo Mártir donde se realizará el ejercicio del Vía Crucis. Terminado el acto, la Cofradía volverá por el mismo recorrido hasta la Iglesia Conventual del Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana.
XIV Estación: Plaza de Santa Ana, 22 h (aprox.)

miércoles, 16 de marzo de 2016

Visita del C.P. "Melquiades Hidalgo"

El sábado pasado por la tarde alumnos de 6º de Primaria del Colegio Público "MELQUÍADES HIDALGO" de Cabezón de Pisuerga visitaron el Monasterio. Tuvieron un momento de encuentro con las monjas de la Comunidad, realizaron preguntas sobre su estilo de vida, etc. Además visitaron algunas dependencias del Museo y también la Iglesia, en la que pudieron admirar a Nuestra Imagen Titular el Santo Cristo Yacente. Además el Colegio hizo entrega de un dibujo para las Hermanas, además de otro para la Cofradía, que ya ocupa un lugar preferencial en nuestra sede. También, algunos alumnos nos han enviado unas redacciones contando su experiencia.










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martes, 15 de marzo de 2016

domingo, 13 de marzo de 2016

Ejercicio del Vía Crucis

Os anunciamos la celebración del Via Crucis de la Cofradía, el próximo viernes (conocido como Viernes de Dolores).

El día 18 de marzo a las 20,30 horas la Cofradía del Santo Entierro, inaugurando las procesiones de la Semana Santa de Valladolid, acompañará la Santa Imagen de Cristo Yacente (Gregorio Fernández, obra de taller 1631-1636) portada a hombros, desde la Iglesia Conventual del Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana, hasta la Iglesia Parroquial de San Lorenzo Mártir, donde se realizará junto con la Comunidad Parroquial el ejercicio del Vía Crucis.

Finalizada la XIII estación nos dirigiremos en procesión, junto con el pueblo fiel, hasta la plaza, donde se rezará la XIV estación, “Jesús puesto en el sepulcro”, terminando una oración a Cristo Yacente.

Recorrido: Plaza de Santa Ana, San Lorenzo y Pedro Niño hasta la iglesia parroquial de San Lorenzo Mártir donde se realizará el ejercicio del Vía Crucis. Terminado el acto, la Cofradía volverá por el mismo recorrido hasta la Iglesia Conventual del Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana.


Rezo de la XIV Estación

Desde la Comisión de Cultos y Procesiones de la Cofradía del Santo Entierro se ha preparado un momento especial, meditativo, de recogimiento y oración durante la celebración de la XIV Estación el ejercicio del Via Crucis que tiene lugar en la tarde noche del Viernes de Dolores, el cual requerirá la colaboración del pueblo fiel, reunido entorno a Cristo Yacente.

Una vez finalizado el rezo de la XIII Estación (Jesús es bajado de la Cruz y puesto en los brazos de su Madre), se invitará al pueblo fiel a encender una vela, la cual podrán adquirir horas antes de la procesión en la Iglesia del Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana o en la Parroquia de San Lorenzo. Esas velas (única luz que habrá en el templo) proyectarán una luz, tenue y humilde, como nuestra condición humana, con el objetivo de iluminar a Cristo en su hora más oscura.

Con esas velas encendidas nos dirigiremos en procesión hasta la plaza de Santa Ana, donde, frente a la Iglesia del Real Monasterio, tendrá lugar el rezo de la XIV Estación (Jesús es puesto en el Sepulcro), dando así por finalizado el Rezo del Ejercicio del Via Crucis.

Por eso, desde la Cofradía del Santo Entierro, queremos invitar de todo corazón al pueblo fiel a acompañarnos en el rezo de este piadoso ejercicio, que tendrá como línea de reflexión, a través de sus catorce estaciones el Año de la Misericordia. Nuestra débil luz en la plaza de Santa Ana, iluminando la entrada de Jesús en el Sepulcro, se cambiará en luz radiante e intensa en la mañana de la Resurrección.